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Mayer-Schönberg, V. y Cukier, K., Big Data. A revolution that will transform how we live, work and think, Houghton Miffin, 2013, 242 págs.

Versión en castellano: Big Data. La revolución de los datos masivos, Turner, 2013.

 

big-data_book-Cukier

La euforia por lo nuevo, sobre todo si conlleva dosis elevadas de tecnología y algún que otro gadget de por medio, siempre va a estar ahí. No es cosa del tecno-hype de finales del siglo pasado, sino simplemente avidez de novedades. El libro de Mayer-Schönberg y Cukier recupera el tono vigoroso de los gurús tecnológicos de antaño y de ahora y lo aplican al Big Data (en español macrodatos), un fenómeno que ya está recibiendo la visita de investigadores, profesionales y rapaces.

Es comprensible la buena acogida del libro y que haya sido traducido rápidamente al castellano (me consta que figura en la colección Noema de Turner, aunque en mi caso he leído la versión inglesa). De lectura rápida, por ahora al día (estos libros envejecen increíblemente deprisa), regala varios datos y numerosas anécdotas que siempre vienen bien, y está cargado de pronósticos que acertarán o no, pero que ofrecen un panorama excitante ycasi peligroso, porque los que no estén preparados para acoger la “mentalidad Big Data” podrían quedarse atrás.

La estructura del texto es bastante simple y cumple los objetivos que los autores indican al comienzo, al menos parcialmente. Tras una introducción que deja al lector dudando si seguir con el libro o matricularse inmediatemente en el primer curso sobre macrodatos que encuentre en Internet, hay tres capítulos que describen los tres pilares del paradigma Big Data: “More”, “Messy” y “Correlation”. La tesis que vertebra todo el libro de Mayer y Cukier es que la aparición de conjuntos de datos inmensos y la tecnología que posibilita su almacenamiento y uso va a generar un salto cualitativo que declarará obsoletas sin remisión las bases que cimentaban el conocimiento y la acción en la era analógica.

Pasaremos de manejar pequeñas muestras de datos, precisas y bien delimitadas, a vernóslas con todo el conjunto disponible de información acerca de un fenómeno, lo que generará, sin duda, que procesemos datos imprecisos o poco útiles, pero que comparados con el volumen total de información disponible no supondrán un obstáculo. La clave de esta nueva “epistemología de los macrodatos” (la etiqueta en este caso es mía) está en, recuperando a Hume, asumir que establecer conexiones causales entre fenómenos es, además de ilusorio, de escasa utilidad si lo comparamos con hacer correlaciones entre conjuntos de datos muy diferentes entre sí. La “conciencia Big Data” (esta vez el término es de los autores) no está hecha para humanos analógicos.

No falta el apartado dedicado a hacer crítica de lo que supondría un mal uso de los macrodatos, pero se echa de menos algo de profundidad. Los autores se limitan a señalar que podríamos acabar en el mundo de Minority Report, juzgando a las personas acerca de algo que no han hecho (o por enfermedades que no padecen), pero que podrían hacer. Se trata de una práctica que ya es común a juzgar por lo que Edward Snowden afirma sobre la NSA estadounidense. Sin duda es un tema problemático que demuestra que todavía no se ha encontrado un modelo de uso de las nuevas tecnologías que esté a favor de los usuarios.Sin embargo, hay cuestiones tan urgentes sobre las que no se pasa en el texto, como por ejemplo qué teoría del sujeto está detrás de esta epistemología de los macrodatos (que apenas suena a neopositivismo) y cómo afectará al conocimiento que ya damos por válido.

Dejo a continuación una lista de expresiones y frases (no me arriesgo a traducirlas) tomadas del libro:

  • “This is just the start. The era of big data challenges the way we live and inteact with the world. Most strikingly, society will need to shed some of its obssesion fo causality in exchange for simple correlations: not knowing why but only what”.
  • “The ideal of identifying causal mechanisms is a self-congratulatory illusion; big data overturns this. Yet again we are at a historical impasse where “god is dead”. That is to say, the certainties that we believed in are once again changing. But this time they are being replaced, ironically, by better evidence”.
  • “The obsession with exactness is an artifact of the information-deprived analog era”.
  • “The data can reveal what people want to read about better than the instincts of seasoned journalists”.
  • “Knowing why might be pleasant, but it’s unimportant for stimulating sales. Knowing what, however, drives clicks”.

 

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