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Márkaris, P., Con el agua al cuello, Barcelona: Tusquets, 2011, 328 págs.

Título original: Ληξιπρόθεσμα Δάνεια (2010)

Leer Con el agua al cuello y pensar que lo ha escrito un griego y no un español obliga a admitir que, ciertamente, los países del sur comparten una cultura reforzada por el mediterráneo. Como ejemplo está la solidaridad con España, cuyo destino compartido con el país heleno queda plasmado en el libro de Markáris  (y en boca de otros no menos sabios). Para sustituir su antiguo Fiat, el comisario Jaritós se compra un Seat Ibiza (filial de Volkswagen, no olvidemos), y en la final del mundial todos apoyan a la Roja.

Los paralelismos no se quedan ahí, sino que se encuentran también en los cortes de carreteras debido a manifestaciones (la sensación que da Con el agua al cuello es que en el Ática hay más manifestaciones que días tiene el año) y en la angustia e indefensión, pero también resistencia y resignación, que se encuentra en madres de familia toscas pero prudentes como Adrianís.

Sin olvidar, naturalmente, que el tema de fondo es el asesinato de varios altos cargos de entidades financieras. La trama no sirve como excusa para analizar el panorama social griego; tampoco sucede al revés. Ambos temas están relacionados, y dan pie a algo más que enfadarse o deprimirse por la actual situación. Se dice que vivimos un momento en el que el tiempo se nos escapa de las manos en infinitud de tareas estúpidas, desde consultar el correo hasta largas citas con la burocracia. Una terapia de choque, sin duda desagradable, consiste en ser víctima de un corte en las líneas de metro o padecer un atasco de los graves por ir a parar a una manifestación de la que no teníamos noticia. ¿Qué pasa aquí con esa vida acelerada que tanto se oye pregonar? ¿Cómo se nos ha podido pasar por alto ese dato en medio de la indigestión informativa que padecemos? ¿Son compatibles los que protestan, perdiendo el tiempo por no producir, con las ontologías instantáneas de los que se lamentan porque hemos olvidado cómo pensar el ser por no tener tiempo para hacerlo?

Al final lo que queda es darse de bruces con la realidad, como le pasa constantemente al despistado Jaritos. Curiosamente algunos libros, como este de Márkaris, invitan a ello, mientras que muchos otros, los que precisamente intentan poner algo en claro sobre lo real, dan recetas para mirar a otro lado.

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