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David Foster Walace, La broma infinita

Foster Wallace, D., La broma infinita. Barcelona: Mondadori, 2002.

Título original: Infinite Jest (1996).

Barcelona: Mondadori, 2002

La verdad es que sería sonrojante hacer un breve comentario de La broma infinita, un voluminoso, denso y laberíntico mostrenco que ya cuenta con estudios en profundidad. Teniendo en cuenta que la obra de Foster Wallace tiene guías de lectura (algo que yo sólo he visto para la Metafísica de Aristóteles y en cierto modo para Ser y Tiempo) e incluso infografías, lo que se puede decir en una triste entrada es más bien poco. Hay no pocos blogs dedicados a la lectura del texto. En 2009 se llevó a cabo el verano infinito (también en español), una iniciativa que invitaba a leer y comentar La broma durante el periodo estival (algo que tal vez en mi tierra no sea saludable).

Así las cosas, parece que haya que encomendarse a algún santo para leer este libro, que aunque por extensión es similar a Tormenta de espadas, el famoso tercer volumen de Canción de hielo y fuego, ya adelanto que exige más esfuerzo y dedicación. Si se me pide una recomendación, sugeriría echar un vistazo a los enlaces que he dejado en el párrafo anterior para hacerse una pequeña idea de por dónde va la novela. Para terminar una cita bastante elocuente de lo que es el mundo inexplicablemente delirante y banal de Foster Wallace:

La Ennet Hose permite a cualquier interno con un coche legalmente registrado y asegurado que lo tenga en la Ennet House durante su estancia para usarlo para el trabajo y para las reuniones nocturnas, etcétera, y el Hospital Público Enfield de la Marina está de acuerdo, salvo que ha autorizado el parking para todos los clientes del hospital en la callejuela que hay delante de la Ennet House. Y desde los serios problemas fiscales del Boston metropolitano en el tercer año del Tiempo Subsidiado ha habido un acuerdo infernal por el cual solo es legal aparcar en un lado de cualquier calle, y el lado legal cambia abruptamente a las 00:00 h, y a partir de la 00:01 h aparecen las grúas e inspectores municipales extendiendo multas de 95 dólares y/o llevándose los vehículos ilegalmente aparcados a una región del South End tan desolada y peligrosa que ningún taxista con alguna razón para vivir quiere aventurarse a ir. De modo que el intervalo entre las 23:55 y las 00:05 h es un tiempo de Boston de comunidad total pero no muy espiritual de tipos en paños menores y damas con mascarillas de maquillaje, todos tambaleantes y bostezando, que salen bamboleándose a las calles llenas de gente a medianoche, desconectan las alarmas, encienden el motor y todos tratan de virar en redondo y encontrar un aparcamiento paralelo mirando en la otra dirección. No es ningún secreto que los índices de asaltos y homicidios en el centro de Boston durante ese intervalo de diez minutos sean los más altos del día, de modo que las ambulancias y las furgonetas policiales abundan en especial a esa hora, aportando su granito de arena a la confusión y el caos generales.

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